Dharma: ¿Cuál es tu propósito en la vida?

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¿Cuál es tu deseo más profundo? Más allá de las respuestas propias de cada uno, lo que todos los seres humanos queremos es ser felices.

¿Qué te hace feliz? Esto cambia de persona en persona. Cada cual tiene sus deseos: amar y ser amado, hijos y que los hijos sean felices, salud, familia, bienes materiales, estudiar, un buen trabajo… Decidimos qué nos hará felices y usamos toda nuestra energía para lograr ese objetivo. Mientras no lo alcanzamos, sufrimos. Y si finalmente lo alcanzamos, entonces por un momento nos sentimos felices. Pero la sensación es efímera: poco tiempo después nos sentimos -otra vez- incompletos, y pensamos que, en realidad, nos falta una cosa más para -¡entonces sí!- ser completamente felices. El resultado es que nos sentimos (prácticamente) siempre insatisfechos o infelices.

En la India hace miles de años se pusieron a investigar por qué esta manera de buscar la felicidad no suele proporcionar la felicidad deseada, y cuál sería la manera de sí sentirnos felices.

Se dieron cuenta de que buscar la felicidad a través de logros externos (bienes materiales, relaciones) trae una sensación efímera de placer que no proporciona satisfacción permanente. Y se dieron cuenta también de que la felicidad tiene que ser buscada adentro de nosotros y no afuera. El estado de felicidad es un estado interior, que no puede ser proporcionado por logros externos.

Esta búsqueda interior puede hacerse de varias maneras. En particular según el Bhagavad Gita, uno de los libros del hinduismo, cada uno de nosotros nace con un propósito, llamado Dharma. Vivir con entrega y pasión nuestro Dharma particular nos lleva a vivir en el centro de nosotros mismos y de esa manera nos sentimos completos. Entonces, según el Bhagavad Gita, si reconocemos cuál es nuestro Dharma y vivimos de acuerdo a él vamos a sentirnos felices.

Uno podría preguntarse ¿esta pasión puesta en el Dharma no nos lleva a una vida egoísta? Los yoguis creen que sucede todo lo contrario. Vivir de acuerdo a nuestro Dharma nos lleva a conectarnos plenamente con nosotros y con el resto del mundo.

Los yoguis en la antigüedad tenían una hermosa manera de pensar sobre este tema. Como parte de la tradición hindú se ve al mundo como una vasta red que se extiende infinitamente en todas direcciones. A esta red la llamaron la Red de Indra, y cada intersección de sus hebras se mantiene unida por una joya resplandeciente. Cada joya representa un alma humana, un Ser, que es único. De esta manera, todo el universo se mantiene unido como un gran campo interconectado. Pero resulta que sólo se mantiene unido si cada uno de nosotros juega su papel especial en esta red, si cada uno representa su Dharma particular. Sólo así funciona, si cada uno de nosotros es completa y auténticamente uno mismo. Así, cada uno cumple con su rol en el mundo: mantener unida esa parte de la red. Esta descripción del mundo rinde homenaje al Dharma particular de cada alma individual y lo relaciona con la prosperidad de todo el conjunto. Y subraya la idea de que no sólo cada uno de nosotros tiene un propósito, sino que cada uno tiene una profunda responsabilidad asociada a ese propósito. Nuestra tarea es apropiarnos de nuestro Dharma, y confiar en que su plena manifestación es, precisamente, lo que el mundo más necesita de nosotros.

Todos conocemos a Mahatma Gandhi como un gran pacifista que luchó por los derechos civiles de la población india tanto en Sudáfrica como en India. Sin embargo, Gandhi durante su niñez y hasta el comienzo de su vida adulta como abogado en África e India era una persona sumamente tímida con serios problemas para desarrollarse profesionalmente, muy infeliz en realidad. Este cambio profundo de personalidad vino para Gandhi de la mano del Bhagavad Gita y del reconocimiento y puesta en marcha de su Dharma. Entendió que la lucha por los derechos y la libertad podía hacerse sin guerra, sin violencia, sin desprecio. Y supo que su Dharma era liderar este camino. Su misión lo salvó, dándole un objetivo por el cual vivir entregando su trabajo al mundo.

¿Y cuál es mi Dharma, el propósito de mi vida? ¿Cómo hago para identificarlo?

Cuando tratamos de individuar nuestro Dharma la primera respuesta que aflora es lo que nuestra mente quiere que sea. Pero nuestro Dharma no es el que querríamos que fuera; nuestras ideas, nuestra voluntad, no pueden decidir nuestro Dharma. Es necesaria una exploración más allá de las ideas. Nuestro Dharma es aquello que satisface nuestro anhelo interior, lo que satisface a nuestro corazón. Para descubrirlo tenemos que entregarnos a explorarnos para conocernos.

Por qué no nos resulta fácil esta exploración fue el tema de otro artículo. Si bien nuestro Dharma está obviamente al alcance de la mano (porque es nuestro, porque es quién somos) a la vez permanece escondido por la red de pensamientos y deseos y no nos es fácil identificarlo. Una manera de hacer esto, como explica el Bhagavad Gita, es a través de la práctica del Yoga.

Yo creo que dedicarnos con pasión a nuestro Dharma es una de las posibles llaves de la felicidad.

Para profundizar en Dharma y Yoga:

– El Bhagavad Gita de acuerdo a Gandhi, ed. Kier, 1980.

– Stephen Cope: The Great Work of Your Life, A Guide for the Journey to Your True Calling, Bantam Books, 2012

Agradezco a Kaila Yankelevich y a Viviana Ortiz por el apoyo, la lectura y los comentarios sobre versiones preliminares de este artículo.

Martina Marré

Febrero 2014

También publicado en

http://greenvivant.com/2016/07/la-clave-dharma-de-la-felicidad-cual-es-tu-proposito-en-la-vida/