Para empezar a meditar

Cuando empecé a meditar hace más de 20 años como parte de la práctica de yoga la lista de requisitos incluía:

  • sentarme en el piso con piernas cruzadas, mejor sin apoyo debajo de los glúteos (y si lo hacía en padmásana entraba en la categoría más alta)
  • con la columna erguida
  • sin moverme (20 minutos mínimo, o 40 minutos mejor)
  • con el rostro relajado y la actitud corporal relajada.

(Se me ocurren tantas preguntas alrededor de estos requisitos… casi todas empiezan con ¿Por qué? o ¿Para qué?)

Para qué meditar? De la respuesta a esta pregunta puede surgir cómo meditar, y entonces cuánto sentido (o falta de sentido) tienen los requisitos de la lista de arriba.

Mi mente es abrumadora y no me da espacio: medito para hacer espacio interno. Cuando medito regularmente mi mente está más tranquila, más espaciosa, y tengo recursos para detenerme, para no ser reactiva. Y estoy más alegre y menos tensa.

Las investigaciones realizadas durante los últimos años sobre la meditación empezaron a dar base científica a lo que yoguis y practicantes espirituales de otras disciplinas saben hace milenios: la meditación es una herramienta muy poderosa que ayuda a calmar la mente, sobrellevar mejor el estrés, y mejorar el bienestar general. Realmente meditar puede tener un impacto profundo en cómo funciona nuestro cerebro y en cómo vivimos nuestra vida.

Para el yoga la meditación es la técnica que permite conectar con la paz interior y vivir en un estado de bienestar independiente de los vaivenes del sistema nervioso.

Las promesas sobre los efectos que trae son realmente impactantes. Genial, meditemos entonces! no? Lamentablemente, no suele ser fácil establecer una práctica de meditación.

A lo largo de mi práctica de yoga y hasta hace pocos años la técnica de meditación me era muy dificultosa. Ásana (posturas físicas concientes) me atrapó el primer día, y con el tiempo yoganidra (relajación conciente), pránáyáma (respiración conciente) y hasta algún kriya (técnicas de limpieza) ocupó mi corazón, pero meditar realmente no me gustaba.

Y esto mismo suele pasarle a muchos practicantes de Yoga y a mucha gente que, sin practicar Yoga, quiere empezar a meditar. ¿Por qué?

A mí no me servía la rigidez de la propuesta con la que comencé esta nota. Después de muchos años, fui encontrando la manera. Te propongo que empieces con una rutina adecuada a tus posibilidades reales de estos tiempos tuyos.

En esta etapa de mi vida meditar consiste en estarme quieta pero no rígida (típicamente sentada en una silla y con los pies apoyados en el piso de manera de estar cómoda), invitar a mi mente a estar presente y con actitud amorosa, y fijar mi mente en un objeto (por ejemplo, mi respiración). Si en algún momento veo que mi mente se olvidó de lo que le pedí, siempre amorosamente, la invito a volver a posarse en mi respiración. Tantas veces como haga falta durante el tiempo que decidí meditar.

(Pero si veo que mi mente realmente se agita más y más mientras va pasando el tiempo, me detengo, practico movimientos concientes con mi cuerpo a la vez que siento mi respiración, y después vuelvo a intentarlo. Por eso practicar ásana o respiración conciente antes de meditar puede hacer la diferencia entre poder estar sentada ese tiempo o no!)

Si bien meditar es muy sencillo, te invito a experimentar con la práctica que acabo de describir. Poné el temporizador en 5 minutos y sentate. Puede ser en una silla o en el piso de manera cómoda.

Invitá a tu mente a que esté presente para la experiencia. No importa lo que suceda en esos 5 minutos (mente amorosa con lo que vaya pasando!), simplemente observalo tratando de no intervenir. Cerrá los párpados y sentí tu respiración, así como es, al inhalar, al exhalar y los espacios que hay entre ambas.

Durante este tiempo no importa lo que suceda en vos: simplemente observalo, con curiosidad, y sentite respirar. No hay una manera de realizar incorrectamente este ejercicio. Cualquier cosa que suceda está bien. Lo importante es parar, disponerte a estar presente sin esperar nada particular. Observar la respiración. Y cada vez que veas la mente perdida, observar, con curiosidad, y volver otra vez a la respiración.

En mi experiencia esta acción de volver a la respiración con suavidad da la posibilidad de que la mente se vaya relajando.

En este ratito tal vez te suceda alguna de estas cosas: una parte del cuerpo te pica o te duele. Tal vez después de un rato te das cuenta de que estabas con la cabeza en pensamientos muy alejados de la respiración, y no te habías dado cuenta de que no le prestabas atención hacía rato. Tal vez te aburrís. O tu mente tiene muchas opiniones (sobre la meditación, sobre mí, sobre vos). Tal vez se te ocurren miles de cosas mejores para hacer con estos 5 minutos (planear la cena; recordar algo del fin de semana pasado o del trabajo; rumiar sobre una situación que no salió como pretendías u otras cosas que surgen de tu creatividad personal!).

Ahora te invito a que vos hagas la experiencia. Dale, son 5 minutos nada más! Después seguí leyendo.

Como podés leer, meditar es sumamente sencillo. Y como tal vez experimentaste, meditar es sumamente difícil!

La mente no se queda quieta ni un minuto. La mente enseguida se va a pensar en lo que tiene que hacer (en el futuro), a rememorar cosas que nos sucedieron (en el pasado), o se pone a juzgar (¿cuándo suena la alarma? qué aburrido esto de meditar, por favor! ¿la habré puesto? ¿me fijo?).

A la mente le cuesta estar presente en la experiencia sin intervenir. Quiere distracciones. Quiere evaluar, discriminar, decidir, ejecutar.

Meditar al principio es realmente incómodo: estamos habituados a que el mundo exterior nos mantenga entretenidos y no estamos habituados a estar con nosotrxs mismxs en el sencillo acto de observarnos.

Las primeras veces probablemente vas a poder ver lo difícil que es mantener a tu mente en ese estado de observación activa, pero sin responder a lo que observa en forma reactiva.

También en general resulta difícil sentarte a meditar: son 5’ para empezar, pero parece que nunca es el momento adecuado, siempre tenemos excusas para no sentarnos.

Te recomiendo que trates de no ponerte presión, recordá que no se trata de hacer alguna cosa, cumplir algún requisito.

Se trata de observarte.

Se trata de ir aprendiendo a no ser reactivx con lo que observás, proponete mirarte y decir: ah, mirá, qué curioso que piense (o sienta, o diga, o haga) esto!

Se trata también de proponerte ir volviéndote más amorosx con vos. Porque cuando empezás a observar, te empezás a dar cuenta, y muchas veces puede no gustarte lo que observás!

Es importante tener una clara intención de meditar y disponer del tiempo para hacerlo. Un camino posible es que comiences realizando diariamente el ejercicio de más arriba, recordando que las dificultades son parte del camino que te va a llevar a sentirte mejor con vos y con el mundo.

¿Todos los días? Y, sí. O casi. Porque el secreto para ir obteniendo estos beneficios es practicar en forma regular: meditar diariamente puede cambiar nuestra manera de transitar las situaciones que se nos van presentando en la vida. Meditar de vez en cuando, no.

Este artículo lo escribí a principios de 2016, en revisión en este momento febrero 2019.