Entonces, ¿para qué practico ásana?

Siempre me gustó mucho hacer trabajo corporal. Empecé a practicar Yoga porque mi amiga Mónica me convenció de que fuera a practicar con ella. No empecé a practicar ni porque buscaba una exploración espiritual, ni porque quería bajar el estrés, ni porque quería elongar. Esa primera clase me gustó, así que empecé a practicar un par de veces a la semana. La verdad es que sentía que me hacía bien!

En esos primeros años de práctica no me pregunté para qué practicaba ásana (los ejercicios físicos del Yoga). Me gustaba hacerlo y a mi personalidad le iba bien la manera en la que nos guiaban en las clases. Aparecían propuestas como “todo es posible a través de la práctica”,  “conquistar un ásana”, “quedarse en el dolor para atravesarlo”, “permanecer más tiempo en el ásana”, “estar mejor entrenada”, “la inmovilidad en la postura”, y otras tantas similares. (Aclaro, por las dudas, que no estoy de acuerdo con estas ideas.)

(Sí, hablar sobre cada una de las frases en el contexto del Yoga da para escribir un mail entero.)

La cuestión es que, en ese momento de mi vida, ese montón de desafíos me venían bien. Me educaron y me apropié la idea de que Ser cada vez mejor era el camino hacia la felicidad. Había encontrado un nuevo lugar donde podía pelearla para ser mejor (y por qué no, *la* mejor): ásana!

Pero, ¿qué es ásana? ¿Para qué existe esta técnica? Para los Yogasutras de Patañjali (que algunos dicen sería del siglo II antes de Cristo y otros del siglo III después de Cristo) “Ásana es posición conciente y confortable”, y te permite “que aflore la revelación de que cuerpo y universo son indivisibles”. Se supone que aquí ásana se refiere a una postura para la meditación, sentadx en el piso. Pero no hay descripción histórica del uso de posturas más elaboradas hasta la llegada del Hatha Yoga mil años después.

A partir de ese época comienzan a surgir distintos desarrollos de la técnica de ásana. Sin importar la implementación que cada uno hace de la técnica, indudablemente ásana debería servir al objetivo del Yoga: lograr mayor bienestar al ir buscando la conexión con nuestra parte más esencial, esa parte nuestra que no cambia con las circunstancias internas ni externas.

La verdad es que no creo que conquistar un ásana, o pararme de cabeza durante quince minutos me hayan acercado ni un poquito al bienestar ni a mi Ser.

A partir de la idea de que practicar Yoga es una invitación a explorarte y aprender de tu experiencia, creo que es necesario practicar ásanas de manera que tengan sentido para vos en ese momento. No creo que una misma práctica pueda ser útil para todxs. Incluso creo que universalizar la práctica puede llevar a más confusión mental o a lesiones físicas.

¿Cómo elijo qué implementación de la técnica de ásana quiero para mis prácticas? Quiero que me permita explorar lo que siento: sensaciones corporales, respiración y emociones. Quiero que me ayude a entender cómo mi mente responde a diferentes estímulos. Quiero que me dé la fuerza para poder transitar lo que descubro sobre mí misma y las dificultades de la vida cotidiana. Y quiero que a la vez me genere la flexibilidad para aceptar y transformarme: quiero que sea un espacio donde poder practicar una forma de estar más conciente, más amorosa, más relajada, con mayor bienestar.

A lo largo de los años de práctica mi idea de lo que es ásana cambió muchísimo, y espero que al continuar experimentando con curiosidad y la mente abierta, pueda seguir evolucionando siempre.