Otra manera de transmitir yoga

Tanto en las prácticas de yoga como en las formaciones para ser instructora de yoga me enseñaron a repetir. Me dijeron: “esto es lo que los yoguis hacen desde hace miles de años. Así funciona. Repetilo y te va a funcionar a vos también.” Y yo les creí. Y así lo hice por muchísimos años.

En mi historia personal el profesor o la profesora tenían una idea clara de qué tenía que hacer yo para practicar bien. Durante todos esos años nadie me dijo “sentí tu cuerpo, fijate qué te dice, respetalo, permití, buscá tu manera”. En cambio, entre otros muchísimos abusos:

  • Vi angustiarse hasta el llanto a una persona cuando una instructora muy conocida le gritaba repetidamente porque su respiración “era ruidosa” (era la primera clase a la que asistía la practicante dentro de ese espacio).
  • Presencié una rotura de menisco cuando otra profesora “ayudaba” con un “ajuste” a “entrar más en la postura” a un practicante.
  • Vi a mucha gente, sin absolutamente nada de práctica y sin nada de fuerza, a la cual se le exigía, por ejemplo, hacer sirshásana (el paro de cabeza) para demostrar confianza, “para enfrentar tus miedos”.

Creo fuertemente que este modelo tradicional de enseñanza donde “el maestro sabe, vos venís a aprender porque no sabés” no contribuye al camino del yoga. Entre otras:

x Decir a otro cómo se tiene que sentir o dónde tiene que sentir.
x Exigir cierta alineación precisa para el cuerpo en cada postura (cuando los cuerpos son todos diferentes!).
x Imponer una manera de respirar (cuando casi todos llegamos al yoga con restricciones respiratorias y lo que deberíamos hacer es liberar la respiración y no imponerle más restricciones).
x Imponer una posición con el cuerpo o una cantidad de minutos para meditar.

En algunas escuelas en las que tomé clases solamente se meditaba en padmásana. Mientras no podías ligar ambas piernas hacías solamente un intento, una mímica de alguien meditando. Me acuerdo cuando, ya practicando sola hacía un tiempo, decidí empezar a meditar sentada en la silla de la cocina con ambos pies sobre el piso. Qué alivio! Y resultó que ahí fue cuando mi práctica de meditación se estableció y tomó vuelo.

Creo que cualquier cosa que haga que el cuerpo y/o la mente se tense o se cierre en vez de relajarse y abrirse a la experiencia nos aleja del estado que busca el yoga.

Creo que estamos habituados a hacer lo que nos dicen que tenemos que hacer, a sentirnos como se supone que debemos sentirnos, y que justamente el espacio de la práctica de Yoga debería ser tal que te permita conectar sinceramente con lo que te pasa. Sin imponer desde afuera ideas ni formas.

Por mi parte, todos aquellos años me esforcé por ser una buena alumna hasta forzar el cuerpo, y me lesioné. Lamento decir que durante mis primeros años de transmisión yo también seguí este modelo. Lesionarme fue un punto de inflexión para mí. Hoy considero parte de mi trabajo contar que hay otra manera de transmitir yoga.

Porque, ¿para qué practico yoga? Para saber de mí, aprender a sentirme, qué me hace bien y qué no, y saber qué necesito para ser la persona que quiero ser (es decir, ser yo misma). Para esto, necesito un espacio de exploración personal donde no me hagan repetir lo que otros creen que debo hacer, sino que ese espacio de práctica me invite a explorarme y a respetar lo que voy viendo en mí. Desde allí puedo ir a la transformación.

Cuando doy clase una de mis frases preferidas es: “Solamente vos estás en tu cuerpo. Yo no sé lo que vos estás sintiendo. Sentite y respetá lo que sentís.”

Como dice Stephen Cope en su hermoso libro “La Sabiduría del Yoga”: yoga no es repetir lo que otros yoguis hicieron, yoga es reproducir su búsqueda.

Esta es la base de mi modelo de transmisión del yoga.