Una Pedagogía del Abuso

Traducción del artículo de Donna Farhi:
Una Pedagogía del Abuso: El Problema con el Discurso de Abhijata Iyengar

 

“Los problemas no se pueden resolver con la misma actitud mental que los creó.” ~ Albert Einstein

Parece una mujer genuinamente sincera y le deseo lo mejor en su nuevo papel de líder al mando del linaje de yoga Iyengar. Su discurso en la reciente convención de IYNAUS en Dallas, Texas, que fue promocionado como un momento “Luz en el #MeToo”, fue en realidad “un liviano #me too”, donde dijo muy poco sobre las causas que han llevado al abuso sexual dentro de la comunidad de yoga Iyengar; éste era supuestamente el motivo por la cual Abhijata terminó hablando sobre el tema del “toque”. Tampoco propuso ninguna acción práctica para evitar que en el futuro vuelvan a ocurrir abusos. Por el contrario, Abhijata se desvió del tema hacia la importancia del “toque” en el yoga Iyengar, dando una verdadera disertación sobre el significado de la “intención” al tocar, y sobre cómo sería una gran pérdida para el método que los profesores de yoga Iyengar dejaran de tocar a sus alumnos por completo. Mientras que la nieta de B.K.S. Iyengar no habló de lo que estaba a la vista de todos (los horrendos hallazgos presentados en este reporte de investigación independiente que reveló décadas de abuso sexual por parte de uno de los maestros principales del método, Manouso Manos, ahora des-certificado), lo que sí dijo Abhijata Iyengar, al menos en parte, revela las suposiciones pedagógicas inconscientes que no solo abren el camino para que el abuso sexual sea más probable, sino que también han sido fundamentales en la adopción en todo el mundo de técnicas de “ajuste” poco seguras.

Comencemos por el tema de la intención, algo que Abhijata machaca una y otra vez, especialmente durante el cierre de su discurso, incluso citando ejemplos emotivos de tierna limpieza de su hija pequeña. La “intención” podría haber sido un tema relevante si hubiéramos estado discutiendo el toque de una parte del cuerpo sin connotación sexual como ser la rodilla, y al indicar un sutil cambio de dirección para alinearla con el pie, algo extraño sexualizó ese toque y lo convirtió en una insinuación. Todas las mujeres estamos familiarizadas con la intención lasciva que puede convertir a un intercambio aparentemente inocente en una invitación para el encuentro sexual. Sin embargo, en el caso de Manos y los hallazgos incontrovertibles del informe, estamos hablando de tocar partes del cuerpo donde ningún profesor de Yoga debería aventurarse nunca. No hay absolutamente ninguna razón para que un profesor de Yoga deba meter sus dedos en el orificio anal o vaginal, acariciar o frotar los pechos, o simular sexo presionando sus genitales contra los glúteos mientras la practicante está en una posición vulnerable como ser una flexión hacia adelante. En estos casos, poner o sacar la “intención” es completamente irrelevante. En el informe no hay nada ambivalente sobre el tipo de contacto utilizado, los cuales son claros ejemplos de abuso sexual, agresión y violación usando los dedos. Los hallazgos del informe demuestran un patrón inequívoco de depredación sexual premeditada, a veces en yuxtaposición de un ajuste en un momento seguido inmediatamente por acoso sexual: una táctica que sirve para confundir a las víctimas y por lo tanto, que sea menos probable que estas transgresiones sean reportadas. Instruir sobre la intención del profesor a la audiencia y a los representantes de las víctimas de este abuso, es insultar todavía más la inteligencia y desvirtuar el testimonio de los sobrevivientes de abusos sexuales.

En lugar de hablar directamente sobre el tema, Abhijata dio el discurso completo sin hablar de lo que supuestamente estaba hablando. Hizo vagas referencias, pero nunca menciona explícitamente el caso de Manos que ha sacudido los cimientos de la comunidad Iyengar. En primer lugar, el abuso sexual tiene poco que ver con la intención. Más bien, el caso de Manos es el resultado de décadas de nepotismo institucional durante las cuales cientos de estudiantes y profesores (de manera más reveladora, las personas que lo hospedaron para que él pudiera dar sus seminarios) han permanecido en silencio y han permitido que un maestro de alto nivel intimide verbalmente, amedrente, y agreda sexualmente con total impunidad a las estudiantes. Como dijeron muchas de las víctimas cercanas al caso, el que desafiara a Manos ponía en riesgo el lugar que ocupaba en ese imperio jerárquico de certificaciones. Las víctimas no solo tenían miedo, sino que muchas estaban aterrorizadas de contar, sabiendo que al hacerlo serían victimizadas aún más y repudiadas por la comunidad, y que se cerrarían las puertas de su crecimiento profesional. Cuando invertiste años y en algunos casos décadas en tu certificación Iyengar, y miles de dólares en capacitaciones, pensás dos veces antes de contarle a alguien que la persona que está en lo alto de la jerarquía y posee las llaves del castillo acaba de explorar tus pechos mientras hacías una retroflexión. Es extremadamente poco probable que hagas la denuncia cuando, históricamente, reportar haber sido víctima de abuso ha llevado a más victimización por parte de las instituciones que se supone que están ahí para protegerte y por parte de los miembros de tu propia comunidad. Además, si estabas al tanto de estas situaciones, lo que aparentemente sucedió con muchos profesores, es bastante poco probable que desafíes directamente al maestro abusivo o que informes lo que presenciaste: hacerlo hubiera puesto en riesgo tu carrera. Es poco probable que se modifique esta triste situación mediante un examen de la intención personal, más bien se requiere un examen y una revisión honestamente brutales de las estructuras institucionales que fomentan este poder absoluto e incuestionable. Comenzando con los Iyengars en la India: ni siquiera acusaron recibo de cuatro cartas enviadas directamente a RIMYI por una víctima del abuso de Manos, mientras a la vez daban a Manos oportunidades de tener reuniones personales con ellos. Además, Geeta Iyengar (ahora fallecida), Prashant Iyengar y Abhijata inicialmente objetaron por unanimidad la investigación independientedeclarando en esta carta que “IYNAUS debería tener en cuenta que Manouso es un miembro importante de nuestra familia” y que IYNAUS “debería haberse corrido del camino para proteger a los miembros de su familia”. Suplicar ahora a la audiencia asegurándoles que “no deben tener miedo de hablar” o “no tener miedo de informar lo que presenciaron” es una fantasía ilusoria que probablemente no alcance para generar confianza en una comunidad que nunca escuchó a las víctimas, y atacó y menoscabó a los denunciantes.

A lo largo del discurso de Abhijata, ella usa repetidamente la palabra “familia” y “amor” para inculcar un sentido de cohesión y solidaridad en lo que, hasta ahora, ha consolidado una comunidad a través de dinámicas típicas de una secta, que han sido muy útiles a los Iyengar y a otros en roles de autoridad. Esa solidaridad fue sacudida hasta los huesos por la publicación de este informe. En su análisis crítico de la presentación de Abhijata Iyengar, Matylda Ciolkosz, erudita en yoga, analiza la compleja fusión de familia y amor como cuasi-soluciones explicando que:

“. . . los miembros de la comunidad de Yoga Iyengar están relacionados de varias maneras. Pueden ser extraños, colegas, amigos, amantes, esposos o miembros de una familia verdadera. Pero como co-practicantes no son más que eso: co-practicantes. Cuando se oculta su posición real al interpretarlos como miembros de una familia (por ejemplo, los niños supervisados por un padre instructor) su soberanía se ve comprometida. El concepto de un padre cuidando a los hijos evoca nociones de dependencia y poder: como los niños no son aún completamente autónomos, el padre tiene poder sobre ciertas áreas de sus vidas. Quitarle la autonomía a un practicante al considerarlo  como si fuera un niño abre un camino hacia el abuso, incluso si no es intencional”.

Ella cubre este terreno con tanta lucidez que no ampliaré este tema aquí, pero te invito a leer la totalidad de su ensayo.

Soy una firme defensora del uso del toque ético en la enseñanza del yoga y he dirigido cursos sobre el toque como una poderosa herramienta de enseñanza. Estoy totalmente de acuerdo con la insistencia de Abhijata en que “el mal contacto te rompe; el toque curativo te salva”. Pero, ¿cómo podemos interpretar esta afirmación si su abuelo y gurú no fue capaz de adherir a este principio ético? ¿Cómo podemos nosotros, o aquellos dentro de las filas de la comunidad Iyengar, reconciliar los hábitos de toda la vida de B.K.S. Iyengar tales como pisar, golpear, patear, “ajustar” agresivamente y gritar a los estudiantes de yoga? ¿Cómo damos sentido a estos comportamientos cuando son glorificados y reinterpretados por maestros de alto nivel como Patricia Walden, quien en una entrevista (con Manos a su lado) habla de sus gratos recuerdos de haber sido repetidamente golpeada por el maestro mismo mientras realizaba el paro de cabeza? ¿O de Manos, en la misma entrevista, recordando con nostalgia haber presenciado cómo Iyengar forzó a una mujer con hombros congelados a poner los brazos sobre la cabeza, mientras ignoraba sus quejidos y gritos? Yo personalmente he sido testigo de cómo Iyengar abofeteó violentamente el rostro de una persona sin provocación alguna, y yo misma fui agredida físicamente por él, cuando, aparentemente descontento con la ejecución de mis retroflexiones, sintió necesario estampar su pie en mis ovarios y abdomen mientras yo estaba tendida en el suelo, haciendo que grite de dolor. A los cinco minutos de este incidente un estudiante en la sala se arrodilló a mi lado anunciando que “lo que te pasó fue algo muy amoroso”. Sí, Abhijata, estos son ejemplos del tipo de contacto que daña, pero hasta que los líderes como vos misma no aborden estos problemas en forma directa, es extremadamente improbable que las prédicas sobre la pureza de intención orienten a la comunidad sobre el uso saludable del toque en la enseñanza.

Quiero ser ser perfectamente clara y transparente aquí: dejé de ver el yoga Iyengar como un punto de referencia valioso para mi propia práctica y enseñanza hace más de tres décadas. Honestamente, no me importa si es dejado a un lado de la historia. Lo que me importa es cómo la pedagogía de Iyengar y otros como él crearon un residuo de dominación somática (gracias a Matthew Remski por ese término que queda tan a mano), que sigue causando estragos en mentes, corazones y cuerpos de estudiantes de todo el mundo, muchos de los cuales se acercan a mí con la esperanza de sanar ese daño.

Madrid: una estudiante con un disco cervical roto me relató que un “maestro de Iyengar muy conocido” colgó su cabeza y cuello en extensión y luego le ató una bolsa de arena de 10 kilos y la dejó allí durante 20 minutos. Ahora tiene dolor agudo crónico con movilidad limitada. Ella se niega a nombrar a su maestro.

Manchester: una estudiante con un disco lumbar roto me dice que un maestro presionó su espalda durante una flexión hacia adelante. Cuando se le pregunta, solamente dice “él está bien arriba en el linaje”.

Costa este de los EE.UU.: una estudiante cuenta que le rompieron las costillas mientras era llevada hacia una retroflexión. Un maestro de Iyengar se negó a soltarla incluso cuando ella gritaba pidiendo que la suelte. Recién cuando finalmente ella se derrumbó en el suelo entre espasmos, él se dio cuenta de que algo estaba terriblemente mal. Al día siguiente él envió un mensajero a su casa para decirle que la razón por la cual sus costillas se rompieron fue que “ella está bloqueada emocionalmente”.

Estos no son incidentes aislados sino que demuestran una pedagogía dominante que ha impregnado la cultura del yoga. Irónicamente, sin querer hacerlo Abhijata nos da un curso magistral sobre este modelo pedagógico arcaico en el cual ella ha sido adoctrinada, y que mientras siga sin ser examinado, seguirá causando daños a los que están bajo su liderazgo. Si bien estoy segura de que ella tiene las mejores intenciones (de nuevo la palabra “intención”) la consecuencia será un daño mayor. Las suposiciones inconscientes de este modelo para la enseñanza y la relación profesor-alumno incluyen:

La creencia de que un gurú o maestro que todo lo ve sabe más que uno mismo, incluyendo qué puede hacer el propio cuerpo, cuánto tiempo puede permanecer y exactamente qué prácticas uno debe hacerAquí la relación entre el profesor y el estudiante, como advierte Ciolkosz, no es una investigación compartida entre co-practicantes, sino que se convierte en una versión infantilizada de la relación padre-hijo. Esta referencia externa no solo conduce a entregar la propia soberanía, sino que además comienza a erosionar la capacidad del estudiante de cuestionar qué se le hace y cómo se hace. Una vez que este proceso se completa el estudiante pierde la capacidad de pensamiento crítico, algo que he visto en innumerables practicantes que me dicen “Quiero curarme de mis lesiones, siempre que pueda seguir haciendo las mismas cosas que me han hecho daño”. Esta erosión de los límites saludables es un ambiente perfecto para que ocurran transgresiones no éticas.

Que la presencia de un alumno en la sala automáticamente implica consentimiento. Abhijata enturbia las aguas cuando usa la analogía de una persona que se ahoga y lo absurdo que sería “pedir permiso” para salvar su vida. Las vidas de los estudiantes de yoga rara vez se ponen en peligro debido a que hagan torcida la postura de triángulo, o debido a su incapacidad para hacer retroflexiones: no es necesario salvarlos a través del contacto físico. La mayoría puede ser asistida adecuadamente a través de la instrucción verbal. El toque solamente debe ser dado al estudiante con el permiso del estudiante, teniendo en cuenta que no hay persistencia en el consentimiento: uno tiene el derecho de cambiar de opinión y pedir que se discontinúe el toque por cualquier motivo, en cualquier momento. Yo ahora uso tarjetas de consentimiento en mis intensivos porque si bien siempre pido permiso para tocar, como lo hacen mis asistentes, algunos alumnos no se sienten a gusto con decir que no cuando son parte de un grupo grande.

Una suposición sin ninguna base científica de que un maestro puede leer los mensajes internos propioceptivos e interoceptivos del cuerpo de otra persona y, por lo tanto “ajustar” ese cuerpo de acuerdo a estas suposiciones. Nadie está conectado al mecanismo propioceptivo del cuerpo de otra persona, sin importar cuán bien dotado, experimentado o informado esté. Esa es una completa alucinación cinestésica por parte de un ego igual de enorme. En una serie de fotografías presentadas con la intención de mostrar la maestría del toque de BKS, Abhijata muestra a su abuelo empujando su columna torácica de diferentes maneras mientras se encuentra en un Paschimottanasana (una postura de flexión hacia adelante con piernas extendidas estando sentada), metiendo el pie en su sacro en una retroflexión donde cuelga de sogas, y llevando sus pies hacia su cabeza en Vrischikasana.

Habrá muchos seguidores del método que se aferrarán a la creencia de que el talento de Iyengar le dio la capacidad única de administrar tales maniobras de manera segura. Sin embargo, en mis intensivos me he encontrado con muchos estudiantes a los cuales un maestro les han roto discos lumbares al presionar o pararse sobre su espalda mientras realizaban una flexión hacia adelante, tantos como a los que a través de este mismo “ajuste” les han desprendido sus isquiotibiales del hueso. No es biomecánicamente seguro. Punto. No importa quién lo haga. Tengo conocimiento de al menos un practicante, un médico, que fue a Pune con una lesión en el hombro en busca de la ayuda de Iyengar solo para que su hombro fuera torcido a la fuerza y se dañara aún más: administrado por una persona sin entrenamiento médico ni para diagnosticar la causa del problema ni para para prescribir una solución “médica”. Nunca sabremos cuántos estudiantes han sido lesionados en manos de Iyengar con estrategias tan enérgicas como innecesarias. Además, hay una razón por la cual puede que no sea posible poner el pie detrás de la cabeza: ese cuerpo ha alcanzado su límite máximo en el rango de movimiento. Intervenir ejerciendo presión desde el exterior es una táctica repleta de peligros sin importar la pureza de la “intención”.

No hay duda en que muchas personas se beneficiaron al trabajar con Iyengar y sus maestros. Estas son historias contadas repetidamente para inflar al hombre y convertirlo en un hacedor de milagros. Pero nunca sabremos cuántos estudiantes pueden haber sido lesionados en manos de Iyengar o sus maestros. Sus historias, al igual que las de los abusados sexualmente, han sido silenciadas de manera efectiva. Sin embargo, creo que las lesiones físicas, aunque perturbadoras, representan el daño más superficial. El daño más profundo es la pérdida de acceso a la propia percepción y la desconfianza en la propia intuición. Esto deja a las personas sin un sistema de navegación interno en el que puedan confiar y, por lo tanto, las deja particularmente vulnerables a la influencia externa.

 Que es el deber del maestro “hacer que el estudiante” haga algo.

Abhijata habla repetidamente de cómo su gurú la hizo hacer esto o lo otro. Este es el sustrato para el debilitamiento de la voluntad personal y prepara el terreno para una subordinación y una dependencia cada vez mayor en la referencia externa de un maestro, desmantelando la reivindicación de la autonomía, la capacidad de cuestionar o desafiar respetuosamente… o la capacidad de expresar una objeción inmediata al ser tocado de manera inapropiada.

Actualmente en los círculos de yoga más informados un profesor simplemente crea un contexto para que un estudiante explore y cambie cuando lo desee. Los estudiantes a los que se les permite explorar libremente y llegar a sus propias conclusiones se convierten en personas altamente creativas y con recursos propios (la clase de persona que una organización de yoga rígidamente jerárquica no quiere). Las personas que confían en sus propias percepciones rara vez soportan la basura de otras personas, y menos aún de maestros en los que hayan puesto su confianza. Esta pedagogía tiene un mecanismo de seguridad incorporado, que reduce las posibilidades de que funcionen sin control un poder desenfrenado o comportamientos como el abuso sexual.

La Sra. Iyengar redondea su discurso diciendo: “Tus acciones, tus reacciones, tus palabras, tus enseñanzas, tus respuestas, tus pensamientos, tu toque. Ninguna regla puede imponer esto. Ninguna guía ética puede lograr esto para nuestro sistema o cualquier otro sistema. Ninguna carta de RIMYI, Pune, puede garantizar esto. Tiene que ser la decisión de cada uno de nosotros aquí y en cualquier otro lugar. Tiene que ser la pureza, en cada toque o al ayudar a una persona ”(28:00).

Y es aquí donde ella está rotundamente equivocada. La agresión sexual, el abuso sexual y la violación son delitos penales y existen leyes que consideran a estas acciones como delitos. Cuando las mujeres se sienten apoyadas por sus pares y por la comunidad tienen la posibilidad de reportar delitos sexuales y lo hacen, y así cada vez más delincuentes son llevados ante la justicia. Imaginen qué hubiera pasado si al menos una de las mujeres relevada en el informe independiente se hubiera sentido lo suficientemente segura como para acudir a la policía en el momento del abuso y presentado cargos que podrían haber resultado en una condena penal. La mayoría de los casos en el informe ya prescribieron. Yoga Alliance ha estado en el proceso de revisión generalizada de estándares, para mejorar su Código de Conducta, guías sobre el Alcance de la Práctica y requisitos curriculares. Ellos saben que no han hecho un gran trabajo en el pasado: están tratando de hacer un mejor trabajo en el futuro. La organización Iyengar también debe hacer una revisión exhaustiva de su propio Código de Conducta que, en caso de ser redactado por aquellas personas que estaban allí y permitieron que el abuso continuara sin control durante décadas, desafortunadamente es probable que no cuente con suficiente buena información. Sería aconsejable que los Iyengar y IYNAUS busquen asesoramiento fuera de sus filas, y un buen lugar para comenzar son las propias víctimas que tienen una aguda mirada de lo que debe cambiar y de cómo cambiarlo. Hay muchas personas en nuestra comunidad, como Ann WestKaren Rain y Jubilee Cooke, quienes están ofreciendo soluciones inteligentes centradas en la víctima. Es hora de dejar de hablar, Abhijata, es hora de empezar a escuchar.